El Síndrome del Emperador

El término “Síndrome del Emperador” fue acuñado por Vicente Garrido, Psicólogo profesor titular de la Facultad de Educación de la Universidad de Valencia en su libro “Los hijos tiranos: El Síndrome del Emperador”. Este Síndrome aparece cuando un niño/a que debería ser feliz y hacer feliz a sus padres se convierte en el símbolo de una falta de tolerancia de la frustración que parece cada vez más dominante en nuestra sociedad. Este joven quiere hacer las cosas como él/ella quiere, y lo quiere ahora, y no le restringe la conciencia a la hora de ser violento. Porque no quiere escuchar ni parece entender lo que sus padres tratan de enseñarle.

Para Vicente Garrido, “El elemento esencial del Síndrome del Emperador es la ausencia de conciencia. Son niños/as que genéticamente tienen mayor dificultad para percibir las emociones morales, para sentir empatía, compasión o responsabilidad, y como consecuencia tienen problemas para sentir culpa”, además afirma que estos niños/as tienen problemas para poder empatizar, aprender lecciones de moralidad, tener compasión o ser responsables, del mismo modo tienen problemas para poder sentirse culpables cuando hacen algo incorrecto.

Características del menor emperador

El perfil de un niño/a con Síndrome del Emperador se caracteriza por ser un niño/a inteligente, rápido/a, que no acepta el límite de su autonomía y cuando no obtiene lo que desea se frustra y estalla. En estos casos, la llamada democratización de la familia, puede ser confundida por los menores con la creencia de tener derechos que en realidad no poseen.

Muchos especialistas en psicología plantean un debate sobre si el Síndrome del Emperador es el resultado de una carencia educativa y formativa, si es un problema en el que están implicados los factores genéticos de naturaleza psicopática, si son simplemente niños/as malcriados/as y caprichosos/as cuyos padres y madres se han excedido en la democratización, la mayoría de los expertos coinciden en que el síndrome guarda relación con la carencia educacional y la diferenciación de las reglas y límites.

Según Javier Urra, Psicólogo de la Fiscalía de Menores y autor del libro “El pequeño Dictador”, el problema empieza muy pronto, cuando no quieren recoger los juguetes y se les permite, ya que “hay padres que no pueden con sus hijos/as desde los cuatro años, y encima lo dicen delante de ellos/as, con lo que ya adquieren la consciencia de que son unos dictadores”. “Una cosa es que un niño/a coja una rabieta, lo malo es cuando el niño/a empieza a disfrutar”, ha explicado Urra, quien ha dicho que es necesario que los padres y madres, al ver el problema, empiecen a hablar con profesionales “pero no creyendo que el problema está en el niño/a”, sino para ver qué falla en sus pautas educativas.

¿Cómo detectar indicios en casa?

Especialistas de este síndrome destacan la importancia de detectar precozmente el problema y pedir ayuda especializada, que probablemente incluirá una terapia familiar.

Para Garrido existen tres síntomas fundamentales, que pueden dar pistas a los padres y madres y que se observan en la segunda infancia (6-11 años):

Primero: una incapacidad para desarrollar emociones morales (empatía, amor, compasión, etc.) auténticas; ello se trasluce en mucha dificultad para mostrar culpa y arrepentimiento sincero por las malas acciones.

Segundo: una incapacidad para aprender de los errores y de los castigos. Ante la desesperación de los padres no parece que sirvan regañinas y conversaciones: él busca su propio beneficio.

Tercero: conductas habituales de desafío, mentiras e incluso actos crueles hacia hermanos y amistades”. “Hay que actuar en cuanto se ve que el niño apunta maneras”, dice desde la oficina del Defensor del Menor, que lanza un mensaje esperanzador: “Existen buenos recursos para el abordaje de esta casuística; los servicios sociales dan buena respuesta, también se puede acudir a un médico de cabecera o a un orientador escolar para pedir consejo.”

La importancia de la detección precoz

La importancia de la detección precoz reside en la posibilidad de realizar una temprana intervención terapéutica con las familias, con el objetivo de identificar las pautas educativas que están siendo disfuncionales y proponer nuevas técnicas para ir erradicando la dinámica mórbida que se ha establecido en la familia.

Es importante que, tanto padres y madres como profesores, tengan en cuenta toda una serie de pautas que desde instancias expertas de nuestro país se proponen ante la problemática del Síndrome del emperador para así poder reaccionar ante situaciones de este tipo.

En la actualidad, debido al creciente aumento de casos de este síndrome, la sociedad debe empezar a concienciarse de esta problemática y plantearnos las consecuencias que pueden tener sobre ellos mismos y para los demás el desarrollo de sujetos caracterizados por exhibir un comportamiento tirano y agresivo, siendo conscientes de que sin una intervención adecuada nos enfrentaríamos a un problema social a corto plazo.

Las características que presentan los menores con Síndrome del Emperador, como intolerancia a la frustración, incapacidad de esfuerzo, impulsividad y conductas agresivas, pueden convertirlos en adultos incompetentes y con graves problemas de relación social y de autonomía personal, en el mejor de los casos.

Por ello, estamos en un momento adecuado para unificar criterios, herramientas y recursos para trabajar en la detección precoz y la búsqueda del tratamiento adecuado para hacer de estos niños/as personas normalizadas tanto en el ámbito familiar como en el social.

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